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martes, julio 13, 2010

Los frutos de mi ventana.





Cuando vivía en la casa de mi abuela, mi habitación estaba en el segundo piso, tenía un ventanal enorme que miraba de frente al patio en donde mi abuela tenía decenas de macetas con plantas de ornato y algunas jardineras con árboles frutales.
Justo debajo de mi ventana había una jardinera con un ciruelo que daba dulces frutos rojos los veranos.
El ciruelo enfermó repentinamente y el árbol murió, secándose por completo. Fue entonces que mi abuela, aun no se si por descuido o por decisión que arrojó unas semillas de maracuya en la jardinera.
Rápidamente las semillas dieron origen a una enredadera enorme, que subió por el tronco del árbol marchito hasta mi ventana, cubriendo a totalidad los barrotes de la protección.
Para mi, en esa época no había nada más hermoso que despertar cada mañana con la imagen de esas hojas cubiertas de rocío.
Pronto, en el espacio que se hacia entre los barrotes, las cholinas anidaron, yo estaba fascinado viendo como esas aves, generalmente tímidas, empollaban a su futura prole frente a mi, solo separados por el vidrio de la ventana.
Cuando la enredadera comenzó a florear, el aroma a maracuya invadía mi alcoba, despertar era algo increíble, llenando mis pulmones con ese olor. Mirar por la ventana era mi primera parada obligada al comenzar el día. No sólo por las cholinas con sus polluelos, ni el rocío sobre las hojas, sino también por mirar las flores. Esas flores blancas de pétalos largo separados uno de otro y de brillantes pistilos, dorados, tan exuberantes, como la vida misma, reflejando los rayos del sol matinal.
Con las flores nuevos visitantes se hicieron presentes. Los colibríes se alimentaban en los largos pistilos y las mariposas, ¡Por Dios!, no recuerdo nunca haber visto tantas, cubrían toda mi ventana… y eran tantos los colores, volando, era un kaleidoscopio viviente, era alucinante verlas danzar, revoloteando a centímetro de mis ojos. Ese espectáculo me absorbía tanto que a veces perdía la noción del tiempo y consecuentemente, llegaba tarde a mis deberes.
Las mariposas depositaban sus huevecillos, algunos diminutos color ocre, otros más grandes marmoleados en diferentes tonos de verde y otros más, negros y achatados, siempre en la parte posterior de las hojas.
Era cuestión de días ver a las orugas caminando por la enredadera, alimentándose vorazmente de las hojas. Viendo los colores y los dibujos a lo largo del cuerpo de estas, podrías casi adivinar como serían después de la metamorfosis. Aunque no todas las orugas se convertirían en capullos, pues las cholinas, los tordos, arañas y lagartijas se alimentaban de ellas. A final de cuentas, todo esto era parte del ciclo.
Las flores perdían su esplendor para transformarse en frutos que crecían brillantes, venciendo a la enredadera con su peso.
Mi abuela decía que no había que cortarlos, que estarían listos cuando se desprendieran. Y un día nos vimos recogiendo las maracuyas amarillas. Mi abuela las tomó llevándolas a la cocina donde las lavó, las partió por mitad y extrajo la pulpa.
Aquella tarde durante la comida disfrute por primera vez un vaso de agua fresca de los frutos de mi ventana.

lunes, julio 27, 2009

Adobo de Conejo o la exquisitez del revanchismo.

Dedicado a la Dra. Carmen Flores Pérez













Carmen regresó aquel día de la universidad contenta a casa de la abuela con una caja de cartón entre las manos que contenía a la coneja.
En sus prácticas en la escuela de medicina en los cursos iniciales, los conejos son utilizados para probar anestesia, abrir, extraer algún órgano, suturar al pobre animal y si sobrevive a este procedimiento, los estudiantes aprueban esta materia que de momento escapa de mi memoria el nombre.
El conejo de Carmen sobrevivió, y ella decidió conservarlo como mascota, a pesar de las quejas de la abuela sobre lo pestilente de su orina, su forma de cagar por todos lados y sobretodo, por los futuros destrozos que seguramente causaría a su jardín.
La abuela aquel día se exaltó cuando Carmen reveló que en la caja traía una coneja sobreviviente también al examen que una amiga le había regalado.
- Escúchame bien Carmelita, si esos conejos se salen al jardín… ¡Los mato! – sentenció la abuela, mujer cariñosa, pero de mano firme.
Carmen, quien es extremadamente distraída, se cercioraba desde aquel día de asegurar bien la puerta de la jaula de los conejos, conciente que la abuela no vacilaría en deshacerse de ellos si mordían una sola hoja de las plantas del jardín, saturado de helechos, y un rosal esplendoroso de unas flores rojas enormes. - Son mis Rosas de Castilla – se ufanaba la abuela, quien dedicaba sus tardes a arreglar con esfuerzos titánicos a sus setenta y tantos su amado jardín.
Los días pasaban y las quejas de la abuela por la peste de los animales se volvían recurrentes, y no había limpieza que Carmen hiciera a la jaula que terminara definitivamente con ese hedor.
El acabose fue cuando la abuela recibió a las monjas para coordinar un estudio bíblico, y las buenas hermanas sugirieron que podrían hacerlo en el patio posterior de la casa, a la sombra de los árboles de zapote, mango y aguacate para librar el calor. Y al salir al patio las mujeres consagradas no pudieron dejar de apreciar que al fondo del patio, en su jaula, los conejos follaban como conejos. Las monjas no paraban de reír y se decían ser inoportunas para la pareja. Cabe señalar que los conejos no notaron ni a las monjas de risas maliciosas, ni el enfado de la abuela por tan bochornosa escena. Aclarando que la abuela no veía el Animal Planet, no veía una escena de la naturaleza, sino una afrenta personal.
Fue solo un par de días después cuando ocurrió el desenlace de esta historia.
Carmen, siempre corriendo por sus estudios, esa mañana les cambió el agua a los conejos y les puso alimento en el comedero, se le hacía tarde y tenía un examen que presentar, así que apurada cerró la puerta de la jaula, pero en su distracción olvidó asegurarla y se fue a toda velocidad a la escuela.
La abuela esa mañana estaba ocupada en su cocina, por lo que no notó cuando los conejos abrieron la jaula, se enfilaron al corredor y llegaron al jardín. Y cometieron sus atrocidades, primero sobre los helechos, y después con saña y hambre sobre el hermoso rosal.
Nunca falta una vecina acomedida (o entrometida, según la situación) que le gritó a la abuela desde la reja del jardín:
- ¡Güera! ¡Los conejos se están comiendo las rosas! –
La abuela dejó su labor de cocina y corrió hasta el jardín, a donde vio horrorizada como su otrora hermoso rosal estaba calvo de follaje, debido al fiero ataque de los roedores.
Desde el fondo de corazón de abuela, las palabras fluyeron en un grito furioso y liberador:
- ¡Conejos hijos de su puta madre!-
Carmen tuvo un día fatal, el examen fue especialmente difícil, y entre tareas y prácticas no veía un respiro a tanta tensión.
Regresó a casa cansada y un tanto desanimada, la abuela solicita la recibió como de costumbre.
- Anda hija, vente a comer. –
La abuela le sirvió una crema de espinacas que a Carmen le encantaba. Aparentemente la tarde mejoraba.
No bien había terminado la crema, cuando la abuela se apareció en el comedor con adobo que expedía un aroma exquisito. Carmen ya lo saboreaba, cuando la abuela lo puso sobre la mesa, Carmen preguntó ingenua mientras lo probaba:
- Que bien huele, ¿De que es el adobo?
- De conejo - respondió la abuela.
Carmen corrió hacia la jaula y la encontró vacía.
Regresó donde la abuela y preguntó con lagrimas en los ojos y apretando los dientes reprimiendo el coraje, con mejilla enrojecidas, entre el reclamo y la incredulidad.
- Pero ¡¿Por qué mis conejos?!
- Porque los hijos de la chingada se comieron mis Rosas de Castilla.
- Pero, pero… ¿Por qué?
- Te dije que si se salían de su jaula, los iba a matar, así que para la otra, ten más cuidado con tus mascotas.

La abuela y Carmen no se dirigieron la palabra en un par de semanas, y poco a poco limaron asperezas, la hoy medico cirujano, aun conserva las pieles de sus conejos en su mesa de noche.
Yo fui testigo de estos hechos, y puedo asegurar que rara vez he probado un adobo tan delicioso como ese. Quien dice que la venganza no puede ser deliciosa.







Si tú odias a los conejos tanto como un servidor te recomiendo que entres a esta dirección y juegues Birmania Ghost Train. ¡Acaba con esos roedores destruye jardines!






Imagenes de mi marcador en el juego on line de la web del Canal Fox.
Por cierto, ya tengo nuevo record en el juego...

miércoles, noviembre 22, 2006

La princesa que no creía en cuentos de hadas V3.0

Una princesa de un lejano país de occidente abrumada por las coincidencias decide huir por el bosque oscuro, y romper con aquel ciclo.

Esta princesa no creía en las hadas, no obstante, siempre era seguida por su hada madrina a todos lados. Pero como la princesa no tenia fe en estos seres, su hada no podía intervenir por ella, hasta que la princesa, con fe la invocase.

Caminando por el bosque oscuro la princesa sufrió tropiezos y rasguños, pero nunca invocó a su hada. Y siempre, como su sombra, el hada esperaba aquel llamado para socorrerla.

Agotada por el camino rocoso en sus zapatillas de cristal, la princesa decidió tomar un breve descanso sobre una roca, en un paraje iluminado por la luz de la luna llena en medio de aquel tétrico lugar.

Entre el cansancio y el sueño la princesa se sintió observada, hasta que se percato que una silueta alta y delgada se aproximaba con la mirada fija en ella.

La silueta se hizo más clara y se percato que era un joven de noble vestimenta, piel blanca, tan blanca como la misma luna que los iluminaba, delgado, muy delgado y con la mirada más triste que hubiera sobre la faz de la tierra.

La princesa no sintió temor alguno; al contrario, se preguntaba el porque aquel joven la miraba, se preguntaba que pena le atormentaría para que sus ojos proyectaran tanta melancolía. Y de momento quiso abrazarlo, quedarse a su lado para reconfortarlo y ahuyentar el dolor de su alma.

Él, un príncipe exiliado de oriente, vio en ella la nobleza de la sangre y la pureza de corazón necesaria para que él fuese liberado del maleficio que una despiadada bruja había lanzado sobre él.

Y el hada vio el peligro mortal que corría la princesa, pues el maleficio que aquella bruja lanzó sobre el príncipe sólo podía romperse por el beso espontáneo de una mujer de sangre noble y corazón puro, un beso intenso en el que la mujer entregará su amor y su propia vida.

El príncipe sabía esto, no obstante permitió que la princesa se acercará y lo tomara de las manos, que acariciara su rostro y se apoyara en él... y cupido, aquel embustero, hizo blanco en ellos...

Y caminaron en silencio a través del bosque, ella se sintió enamorada al instante y él deseoso de poder besarla.

El dilema cruzó por la mente de príncipe, besarla para liberarse del tormentoso maleficio o dejarla ir para que su nuevo amor viviera. Pero el egoísmo se hizo presente y él solo dejo que sus labios encontraran el camino.

Y el hada fue impotente testigo de aquel beso mortal, el viento frío sopló...

Y el príncipe, que llevaba cincuenta años con el maleficio aquel, se vio liberado del mismo y convertido en un decrepito anciano al que la muerte ya esperaba impaciente.

La princesa cayo desvanecida sobre el camino, y el hada, en contra de todo mandato se hizo presente en su agonía.

- ¿Quién eres tú, mujer?
- Soy su hada protectora su alteza...
- Pero... ¡Yo no creo en las hadas!
- Yo lo sé, pero sólo he venido a reconfortarla en sus últimos momentos
- Mira... mira cuantas mariposas, son tan bellas en medio de este horrible bosque...
- Es su alma su majestad, las mariposas son su espíritu que quiere despedirse de su cuerpo... Es momento su excelencia que cierre sus ojos y se deje llevar...

La princesa así lo hizo, y durmió el sueño eterno que a todos nos espera.

Epilogo.

Y aquella amiga mía, después de tan extraño sueño, al despertar se dio cuenta de que el mundo seguía siendo el mismo o mejor, sin él a su lado.


Dedicado:
A ti mi amiga, TQM.

Ilustraciones:

- “Reflexión del hada sobre poema de Benedetti”. Colage del autor.
- “Muerte del lepidóptero sobre poema de Sabines”. Acuarela del autor.



lunes, noviembre 13, 2006

A suicidal way of love (A gay story)



- 1 -

Una nevada tarde de diciembre, en el interior de un apartamento, sobre el lujoso sillón reposaban; agotados tras la intensa faena dos hombres jóvenes quienes intercambiaban amorosas miradas de complicidad.

Agustín, rubio, ojos azules, delgado con un cuerpo delineado por el yoga, sus labios delgados y rozados dibujaban una sutil sonrisa mientras sus ojos no perdían detalle del torso vigoroso de su objeto de deseo, Ignacio, quien descansaba apoyado en su regazo.

Ignacio, un par de años más joven, moreno asiduo al gimnasio, había encontrado en Agustín más que a su amante, al amigo solicito que le apoyaba sin reparo en sus proyectos destinados al fracaso. Derrota tras derrota, Agustín estaba ahí, consolando, dando aliento y entregándose a él incondicionalmente.

Pero la voluntad de Ignacio se quebraba, sus impulsos se hundía y esa energía que le caracterizaba estaba acabada. Lo único que lo mantenía con un aliento vital era Agustín.
Agustín, por su lado, notaba en el triste semblante de su compañero que algo estaba mal, y esa tarde, mientras acariciaba el cabello rizado de su amado con la mano derecha y con la izquierda recorría el fuerte abdomen moreno, decidió confrontar aquella tristeza.

- Ignacio ¿Qué tienes? ¿Algo anda mal?
- No, no es nada pequeño, simplemente estoy un poco en la depre, ya pasará.
- No me gusta verte así. Estas ausente, triste... siento una impotencia terrible de no poder ayudarte.

Ignacio se incorpora y coloca sus fuertes manos al costado del rostro de Agustín, con una delicadeza inimaginable en un sujeto tan fornido, besa suavemente los labios de Agustín un instante. Se sienta a su lado, lo rodea con sus brazos por la cintura y apoya su rostro sobre el blanco pecho.

- Agustín, tu eres mi apoyo, eres la única persona que me escucha, que me anima, eres la única persona que confía en mi y el único con quien quiero estar. No hagas caso de mi tristeza hoy, es simplemente que me siento un tanto derrotado, eso es todo.
- Pero, ¿Por qué?, vamos que ya vendrá algo mejor para ti... Si el proyecto pasado falló, ni modo, ya pensaremos en algo... Pero ¿Por qué lloras?
- ...
- Ignacio, por favor, mírame...

Ignacio se aparta de él, sentado en aquel sillón esconde su rostro entre sus propios brazos.

Agustín se levanta, ajusta la calefacción, camina a su alcoba de donde extrae un cobertor a cuadros estilo escocés, con el cual cubre la desnudez de su amado, lo abrazo, pero Ignacio sigue ahí ensimismado, llorando sin causa aparente. Agustín comienza a perder su calma habitual. Toma un cigarrillo de la cajetilla que esta sobre la mesa de centro, lo enciende. Camina de un lado a otro de la habitación, buscando una forma de entender lo que ocurre.

- Agustín, disculpa. Mira... no sé que me pasa, no es la primera vez, simplemente a veces siento que soy un completo inútil, y si no fuera por ti, yo ya... ya no estuviera aquí.
- ¡No digas estupideces!
- Es verdad, sin ti mi vida sería una basura, pero desde que estas conmigo las cosas están mejor. Pero a veces, también pienso, si no seré un lastre para ti, si yo no estoy consumiendo tu tiempo entre mis fracaso...
- Cállate, no digas eso, sabes que estoy contigo porque te quiero... deja de preocuparte por lo material... disfrutemos nuestro tiempo juntos...
- Es que no puedo seguir viéndote así, como el que resuelve mis problemas... incluso los monetarios...
- ¡Pero que insolente te pones!

Ignacio se incorpora, hace a un lado el cobertor, va hacia donde esta Agustín, quien le ha dado la espalda, lo abraza por la cintura, reposa su rostro en el hombro de su compañero.

- No quiero perderte nunca Agustín, nunca... pero tampoco quiero sentirme tan vacío.
- No sabes como me duele Ignacio cada lagrima que derramas, ver que no confías en ti... me aterra pensar que puedo perderte por tu inseguridad. Creo que te amo Ignacio, tampoco quisiera perderte, pero eres libre de hacer lo que te plazca.
- En días como hoy solo quisiera morirme... tomar un cuchillo y cortarme las venas... lo único que me detiene eres tu pequeño, eres tú – Lo abraza con más fuerza y oprime más su cuerpo contra el de Agustín – No sabes cuantas veces he querido dispararme en la sien o tomar un puñado de pastillas, pero no, apareciste tú pequeño, y deje de pensar en aquello.... gracias a ti pequeño – Lo toma por el cabello y gira violentamente el rostro de Agustín para besarlo salvaje y apasionadamente – Te necesito...
- Ven...- Agustín conduce a Ignacio a su alcoba, se recuestan en la enorme cama King Size. Entre besos y caricias caen en un profundo sueño.

- 2 -

Es de día cuando Agustín se despierta, va al baño, se ducha, se viste despacio mientras contempla el cuerpo perfecto que reposa en su cama... toma la gabardina de piel roja que compro en una escapada a Madrid en un Zara. No quiere dejar de mirar la espalda finamente trazada de Ignacio. No se cansa de ver su piel morena. Por impulso se acerca a él, acaricia su costado, besa su mejilla y le susurra al oído: - Vuelvo en seguida-.

Agustín abandona el edificio de apartamentos en dirección al antiguo delicatessen que esta un par de cuadras de su casa, no le ve objeto sacar su potente Saab 9-3 para un recorrido tan breve... sólo comprará un par de tintos de rioja, jamón serrano y queso de cabra, quizás un par de piezas de pan de ajo. Es una mañana de domingo, así que él e Ignacio irán a la plaza comercial, desayunaran cualquier cosa y Agustín comprará el DVD que le da vueltas por la cabeza... y por la tarde disfrutaran de la peli con una copa de vino y tapas...

- 3 –

Una corazonada, un mal presentimiento. Ignacio brinca de la cama, sabe su pequeño, su amor, ha salido, siente una opresión en el pecho. Se asoma por la ventana de la alcoba que tiene vista a la calle. Lo ve cargando un par de bolsas del delicatessen, abrigado por su gabardina roja. La serenidad regresa a Ignacio al verlo saludar desde la esquina. Agustín voltea a un lado y al otro antes de cruzar, una vez que se siente seguro se anima a cruzar la calle. Ignacio no pierde detalle.

Agustín no ha dado diez pasos cuando de la nada aparece a toda velocidad una Porsche Cayenne blanca, que no se detiene después de impactar al peatón que cruzaba con calma la calle.

Desde la ventana, desnudo e impotente, Ignacio deja fluir una lagrima. No sabe que hacer. El teléfono esta en el buró, al lado de la cama, pero el no puede dejar de contemplar absorto a Agustín, tendido en la calle en un charco de su propia sangre. Y en lo único que puede pensar Ignacio es que desearía ser el quien ocupará el lugar de Agustín.
- 4 -

Es un hecho, en los día nevados, la visibilidad disminuye...
Ilustración:
Untitled (Crouching Nude on Rail).
Francis Bacon 1952

martes, septiembre 12, 2006

La rifa del Tigre (o una fábula sin moraleja)


Suena el teléfono:
- Bueno..
- Buenas tardes, el Lic. Miguel Pérez
- Él habla...
- Habla la Srita. Ignacia Menchaca, del instituto de beneficencia; hace cosa de ocho meses usted compró un boleto para la rifa de caridad, por causas ajenas a nuestra voluntad no se realizo el sorteo en su oportunidad, pero el punto es que el pasado martes por fin se efectuó y queremos notificarle que usted ha sido el afortunado ganador de la rifa del tigre...
- ¡Que bien! ¿y cual es el premio?
- Un hermoso tigre de Bengala...
- ¡Esto es una broma! ¿Verdad?
- De ninguna manera, somos una institución seria, siéntase afortunado, es un hermoso ejemplar macho de 400 kg. Y pues necesitamos que pase este viernes por nuestras oficinas para que llene el papeleo legal y pueda recoger su tigre... Por favor no olvide traer toda su documentación en regla...
Colgamos. Aun sin entender la naturaleza de semejante hecho, me hice muy pronto a la idea de que tendría mi propio tigre.
Corrí a la librería más cercana y compré la enciclopedia de la vida salvaje, un manual de cuidados para gatos, baje de Internet toda la información que creí conveniente sobre esa exótica raza, compre el National Geographics y muy a mi pesar monitoricé el Animal Planet durante toda la noche, para ver que decían del famoso tigre de Bengala... y yo con tres mil dudas... ¿Será prudente dejarlo dormir en mi cama si él delimita que ese es su territorio?
Llegado el viernes me presente en el Instituto de Beneficencia, con una carpeta repleta de documentos.
La Srita. Menchaca me recibió con una franca sonrisa fingida. Reviso la papeleria, y después de unos momentos que se me figuraron eternos, me dijo:
- Al parecer todo esta bien. Solo que no podrá llevarse su tigre a casa hoy.
- Pero ¿por qué? – Dije un tanto desilusionado.
- En primer lugar porque han llevado al tigre a hacerse la manicura y tardaran un buen rato en regresar, no sabe usted Lic, como disfruta el animalito que le hagan la manicura... y por otro lado, permítame decirle que en sus documentos no incluyo el certificado medico de que usted no tiene hongo en la uña del dedo gordo del pie izquierdo...
- ¿Perdón?
- Así es lic; el hongo en la uña del dedo gordo del pie izquierdo puede ser mortal para el tigre de Bengala, por lo que le sugiero que se haga el examen inmediatamente en su centro de salud más cercano y el lunes que me lo traiga ya podrá pasar por su tigre, por cierto, de cariño le hemos llamado Panchito, y le ha agradado, no lo llame por otro nombre que se puede molestar.

Un tanto abrumado salí del edifico y fui a hacerme el examen que comprobaba que no era portador del terrible hongo en la uña del dedo gordo del pie izquierdo.
Cuando me informaron que sería propietario de un tigre me horrorice, debo de admitirlo, sin embargo ahora caigo en cuenta que es mi tigre por derecho y yo quiero mi tigre y haré lo posible por obtenerlo.
Llegado el lunes me presente de nuevo en la institución, con mi certificado medico y en cuanto llegué, una asistente me condujo donde la Srita. Menchaca... quien sumamente afligida se dirigió a mi:
- Lic. Me a pena ser portadora de tan terrible noticia.
- Dígame por favor que ocurre...
- Resulta que Panchito se ha escapado de su jaula y no tenemos una puta idea de donde se ha ido...
- ¡Que barbaridad!
- Como comprenderá hemos dado parte a las autoridades y lamentamos informarle que desde este momento Panchito es prófugo de la justicia, por lo que usted ha perdido su derecho de propiedad sobre el inocente animalito.
- ¡¡¡ No, Srita. Menchaca!!! ¡¡¡No me pueden hacer esto!!!
- Lo siento mucho lic... pero en el Instituto de Beneficencia, queremos compensar con algo su perdida... así que hemos decidido otorgarle un boleto para nuestro próximo sorteo, que a ciencia cierta no sabemos cuando se realizara, todo depende cuando regresé nuestra comisión de Egipto...
- ¿Egipto? ¿Pues cual es el premio?
- ¡¡¡Un cocodrilo del Nilo!!! No sabe usted lic que animal más maravilloso ... lic... ¡¡¡lic no corra!!! ¡¡¡Lic, su boleto!!!

Y corrí y corrí sin volver la mirada atrás...

Moraleja:

Cuando las cosas no resultan como esperas, unos gritan, otros gimen, otros lloran y hay quien maldice... yo prefiero escribir fábulas sin sentido.

La frase de la semana:

“No hay nada más cruel que la esperanza, porque prolonga el sufrimiento de los hombres” F. Nietszche.

Salud mental y esclerosis multiple

Comenzaré este texto con una aclaración: No soy médico ni especialista en salud mental. Soy un paciente más con Esclerosis Múltiple y este t...